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Dos personas comen en un banco de Barcelona el 25 de marzo de 2020. Shutterstock / Adri Salido

El papel de los educadores sociales con las personas sin hogar durante el confinamiento

La Educación Social es una disciplina pedagógica que promueve la incorporación a la sociedad de las personas que, por alguna razón, se encuentran fuera de ella. El educador social es un profesional que las acompaña, que promueve su bienestar y las dota de herramientas y estrategias. Ese acompañamiento resulta vital para ellas, ya que facilita su incorporación a la sociedad (tan deseada en la mayoría de los casos). Los educadores sociales saben que esta es una labor compleja, pero también gratificante.

Personas excluidas

Si hay un colectivo que por sus características particulares necesita especialmente este acompañamiento es el de las personas sin hogar, individuos invisibles para muchos que vagan por las calles y a los que nadie escucha. Se trata, tal vez, de uno de los grupos más silenciados.

Estar en calle supone haber perdido todos los contactos, toda la red de apoyo y no tener nada por lo que luchar. La cantidad de personas sin hogar va en aumento en España, aunque es difícil tener los datos al día. Pero son muchos miles los que duermen en la calle.

El acompañamiento a la persona sin hogar resulta esencial si queremos que mejoren sus circunstancias. Se debe empezar por las necesidades básicas, sobre todo por la comida. Es difícil emprender cualquier lucha cuando no se tiene siquiera acceso a los alimentos.

Plazas insuficientes para pernoctar

Luego se buscaría algún recurso de alojamiento. Nadie debería dormir en la calle, aunque lo cierto es que faltan lugares donde las personas sin hogar puedan pernoctar, ya que las plazas existentes son claramentente insuficientes.

A partir de ahí, es necesario apoyar a la persona, estar con ella, ayudar en lo más necesario de su día a día, dotarla de herramientas, de conocimiento, de recursos y, lo más importante, infundirle esperanza en que su situación mejorará.

Ese acompañamiento, el del día a día, es el que da resultado, el que hace ver al educador social que el proceso de resocialización que está utilizando va dando sus frutos, aunque siempre partiendo de que la persona es la que decide qué hacer con su situación.

Personas que han sufrido mucho desgaste

Es el propio individuo el que debe querer un cambio. Pero muchas veces no es así. La persona sin hogar suele pasar por tantas situaciones duras que acaba desgastándose, y muchas veces prefiere quedarse como está antes que sufrir desencuentros que terminen por meterla en un hoyo aún más profundo.

El educador social se convierte entonces en la red de apoyo de esa persona y, a través de la cercanía, pasa a ser la persona con la que puede contar hasta que ese acompañamiento y ese proceso educativo no sean ya necesarios.

Así, en tiempos de alarma, su trabajo se vuelve más esencial si cabe, puesto que los educadores sociales deben seguir acompañando y realizando su función.

¿Dónde van las personas sin hogar en confinamiento?

En estos meses de confinamiento hemos asistido a varias situaciones nuevas que nos han hecho ver la importancia de que nadie esté sin hogar. En un estado de alarma hay que quedarse en casa, pero ¿a dónde van las personas sin hogar? En muchos lugares se han habilitado pabellones, edificios y hasta aparcamientos para que puedan estar juntos y tener un lugar en el que confinarse.

Una vez superado el confinamiento, es necesario establecer nuevas fórmulas para que nadie esté en calle. Como la llamada housing first (la vivienda primero), una metodología de atención innovadora y centrada en la persona, que parte de la premisa de que lo que tienen en común las personas sin hogar es la falta de un espacio físico en el que ser y estar.

Por ello, dotarles de una vivienda mejorará su situación, permitiéndonos a los educadores sociales centrarnos en otros aspectos de la vida de la persona y conseguir su recuperación.

Otro de los mantras repetidos en esta situación ha sido el del distanciamiento, que debe ser físico, pero nunca emocional o social. Las personas con las que trabajamos han pasado por procesos de exclusión que las han dejado marcadas, se han visto en grave peligro de exclusión social y siguen en ella, por lo que no podemos alejarnos.

La cercanía es imprescindible

Para que el trabajo del educador social llegue a buen término es necesaria la cercanía, el apoyo, el compromiso con la persona. Esto no se puede hacer desde la lejanía.

Así, la misión del educador social en estos nuevos tiempos será buscar la manera de mantener la distancia de dos metros sin que la persona sienta que está lejos.

La persona debe sentir que sigue acompañada en su proceso de vida, que sigue presente, que se está con ella, que es importante, que cuenta para nosotros. No hay papel de mayor responsabilidad para un educador social que acompañar día a día a las personas que más lo necesitan.

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