España e Italia, unidad para vencer el coronavirus

En estos días, la gran incógnita que se repite en todos los rincones de España e Italia es: una vez superada la emergencia sanitaria, ¿qué impacto económico tendrá todo esto en nuestras economías y en nuestras vidas?, ¿seguiremos trabajando como antes?, ¿mantendremos nuestros actuales niveles de vida y nuestros hábitos?, ¿todo volverá a recuperarse o ya nada será igual?

Frente a la incertidumbre, solo tenemos un par de certezas:

  1. la gestión china del coronavirus,

  2. que la recaída económica será más leve cuanto más rápido se consiga contener la expansión de la COVID-19.

Con respecto a la primera certeza sabemos que, luego de tres duros meses de lucha, China está intentando volver gradualmente a la normalidad.

Tras la crisis del coronavirus, parece que la economía china arranca de nuevo. Los grandes fondos de inversión vuelven a apostar por ella, sus empresas vuelven a producir, y los beneficios y los mercados financieros recuperan su crecimiento pero, desafortunadamente, también lo hacen el tráfico y la contaminación en áreas que apenas hace un mes todavía estaban confinadas.

Eso sí, las autoridades chinas continúan atentas para evitar nuevos contagios y se prevé que durante un tiempo el comportamiento de los consumidores chinos sea cauteloso.

Siguiendo con los aprendizajes de la experiencia china, la segunda certeza es que el distanciamiento social y la reducción de la movilidad, voluntarios u obligatorios, son la forma más eficaz de contención del virus.

La eficacia de estas medidas se produce a costa de la desaceleración de la actividad económica pero, a la vez, de ellas depende el futuro de nuestras economías.

Italia de China, España de Italia, Francia de España y Reino Unido de Francia. Esta cadena no es ni un dominó, ni la secuencia de estrenos de una misma serie. Es simplemente el orden en el que cada país no ha conseguido aprender del anterior, en una imperdonable cadena de errores socio-sanitarios en la gestión de la crisis.

Y ahora toca planificar las medidas económicas extraordinarias para salir de la recesión económica.

España e Italia frente al coronavirus

Tras dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo en los PIB de Italia y España, es casi seguro que ambos países entrarán en recesión debido a la interrupción temporal de la producción y a la caída de la demanda doméstica provocada por la pandemia.

Aunque Italia y España siguen teniendo un importante sector industrial, este ha perdido peso en los PIB nacionales, a favor de sectores económicos muy afectados por esta coyuntura: el turismo, la hostelería, la automoción. Sin embargo, tanto el sector financiero como el mercado laboral quedaron relativamente saneados tras las crisis de 2008 y de 2011.

Según el último informe de Cerved, las previsiones económicas para una Italia pospandemia, apuntan a que, entre 2020 y 2021, podrían desaparecer ingresos por un total de 275 000 millones de euros en el escenario más optimista, llevando esas pérdidas hasta los 640 000 millones en el peor de los escenarios; y contempla el riesgo de quiebra para un 10,4% de las empresas italianas.

Para España se estima que, en un solo mes, desaparecerán 300 000 empleos en el sector pymes. Los datos registrados sugieren que durante las últimas semanas se han producido más expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que durante los últimos seis años (2014-2020).

Todo apunta a una bajada del PIB superior al 10% en 2020, con la desaparición de un 15% de las empresas existentes. Las agencias esperan una lenta recuperación entre finales de 2020 y 2021.

¿Qué se hace ahora?

Como ha avisado en estos días el expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, “estamos en guerra y tenemos que actuar garantizando liquidez al mercado incrementando quizás los niveles de deuda pública, si procede”. Necesitamos cambiar nuestra mentalidad porque el coste de la vacilación podría ser fatal.

Los errores de previsión sanitarios de los responsables institucionales europeos se pagarán con recaídas económicas y sociales contundentes, pero estas acciones tardías serán menos graves si las futuras se hacen de forma rápida y conjunta, y no de manera aislada.

¿Hemos aprendido algo? ¿Podemos cambiar el rumbo de la economía? La respuesta es sí, pero no debemos cometer los mismos errores de antes de la pandemia y, en lugar de compararnos, tenemos que actuar coordinadamente.

Las respuestas de los gobiernos de la zona euro y del Banco Central Europeo, aunque mejorables, van en la dirección correcta. Sus actuaciones están siendo más efectivas que las capacidades de previsión mostradas hasta el momento. Pero hará falta un trabajo pedagógico, psicológico y político, nunca antes visto para lograr coordinar la acción conjunta de los países europeos.

Estos días se debaten en Europa diversas medidas a todos los niveles: supranacionales, como la emisión de eurobonos, también llamados “coronabonos”, es decir, bonos sobre la deuda total con responsabilidad compartida de los países europeos; nacionales, como dejar funcionar solo los sectores económicos esenciales (sanidad, agroalimentario, logística, energía, finanzas), o ciudadanas, como el reforzamiento de las medidas de restricción de la circulación. En este último punto interviene la responsabilidad ciudadana: con menos desplazamientos innecesarios, menos posibilidad de expandir el virus y, así, estaremos ayudando a volver a ver datos sanitarios y económicos esperanzadores.

Probablemente la curva de recuperación de España e Italia tendrá forma de U más que de V, pero es seguro que alcanzaremos la V de Victoria pasando por la U de Unidad, ya que si hay algo que esta pandemia nos ha enseñado es que solo unidos podemos superar una emergencia.

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