Hablemos claro sobre cambio climático: las evaluaciones se quedan cortas

Hablemos claro sobre cambio climático: las evaluaciones se quedan cortas

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) evalúa las publicaciones especializadas sobre este amenazante fenómeno global y divulga sus evaluaciones a través de informes periódicos. Los cinco informes ya publicados (1990, 1995, 2001, 2007 y 2014) constituyen el principal recurso global del que disponen los gobiernos para la acción política. Cada informe aborda tres dimensiones del clima, a cargo de sendos grupos de trabajo: bases físicas, impactos y estrategias de mitigación.

Para elaborar los informes, miles de expertos revisan los últimos datos y mediciones climáticas de la literatura científica. Sus contribuciones son integradas por los líderes de cada grupo de trabajo. Finalmente, varios expertos del IPCC unifican el estilo y enfoque de los tres grupos y dos editores supervisan la cadena de aportaciones que culmina con la aprobación plenaria de cada informe después de años de trabajo.

En un reciente estudio publicado por la revista BioScience, analizamos el esfuerzo que el IPCC ha hecho en su Quinto Informe (2014) para comunicar qué sabemos y desconocemos sobre la ciencia física del cambio climático. En concreto, nos fijamos en el llamado “lenguaje calibrado” que el IPCC ha adoptado para medir la certidumbre que los científicos tienen sobre el sistema climático, utilizando dos tipos de expresiones:

  • Confianza: a cada resultado científico evaluado se asigna un grado de confianza en cinco categorías desde muy baja hasta muy alta. Esta confianza depende de cuánta evidencia existe y cuál es el grado de consenso científico sobre el resultado en cuestión.

  • Probabilidad: para aquellos resultados científicos que se han investigado más, se asignan siete categorías de probabilidad desde “prácticamente seguro” (99-100%) hasta “extraordinariamente improbable” (0-1%).

Niveles de confianza y probabilidad en el Quinto Informe del IPCC. Salvador Herrando (datos), David Vieites (figura), Author provided

Dado que el IPCC hace suyo el apabullante consenso de la comunidad científica sobre la huella climática de nuestra sociedad, se esperaría que las categorías de mayor confianza y probabilidad predominasen en los informes. Sin embargo, descubrimos que esto no es así.

En realidad, las expresiones de confianza y probabilidad intermedias son las más abundantes, tanto en el Informe Técnico y en el Informe para Responsables de Políticas, como en los trece capítulos (y sus resúmenes ejecutivos) que constituyen el volumen completo de las leyes físicas del cambio climático. Hay tres razones que explican este inesperado resultado:

  • En primer lugar, el IPCC revisa el estado del clima de la Tierra en su conjunto, que responde al efecto complejo de múltiples factores como la atmósfera, los océanos, las masas de hielo, los ecosistemas o el ser humano. Estamos cambiando el clima con un 100 % de certeza, pero hay otras causas que influyen y también hay que reportarlas. Sin embargo, la certidumbre acerca del impacto climático humano queda sepultada por la evaluación de miles de observaciones sobre distintos aspectos del clima.

  • En segundo lugar, el IPCC no puede permitirse fallos de evaluación frente a lobbies económicos y políticos que niegan el impacto humano sobre el clima en sus lucrativas luchas de poder en torno a los combustibles fósiles (los conocidos como “mercaderes de la duda”). Para evitar la polémica mediática de pasados errores como el Glaciergate, el IPCC puede estar resguardando su reputación con evaluaciones conservadoras sobre el efecto climático de los gases de efecto invernadero que nuestra sociedad genera, como indican estudios sobre el calentamiento global y sobre la subida del nivel del mar.

  • Finalmente, el propio lenguaje calibrado del IPCC es conservador. Por ejemplo, no existe una categoría de probabilidad para aquellos aspectos del cambio climático que conocemos con absoluta seguridad.

Una excusa para la inacción política

Medimos la incertidumbre para saber el margen de error de un resultado científico. Y, en la ciencia del clima, evaluar la incertidumbre de nuestro conocimiento refleja los riesgos que enfrentamos si el clima cambia con mayor o menor magnitud. Por eso debería inspirar acción política y no indiferencia.

Los gases de efecto invernadero calientan la atmósfera y aumentan la probabilidad de más sequías, inundaciones y climatologías extremas, de la misma manera que fumar aumenta la probabilidad de contraer cáncer. Desafortunadamente, lo que los científicos y el IPCC consideramos como un ejemplo de rigor y transparencia (medir y documentar la incertidumbre), los mercaderes de la duda lo explotan como una debilidad para que todo continúe igual.

Es imprescindible que la narrativa del IPCC conecte sin ambigüedad la certeza de miles de observaciones científicas con sus conclusiones más relevantes, que son tres y no debemos confundir:

  • que el clima está cambiando,

  • que nosotros somos la principal causa de este cambio y

  • que las consecuencias son adversas para nuestra sociedad.

También proponemos que el IPCC cree un cuarto grupo de trabajo con comunicadores, lingüistas, pedagogos y psicólogos, para comunicar el mensaje de una manera más efectiva.

En cualquier caso, escribir informes más claros o investigar más sobre el clima con el único objetivo de mejorar el mensaje ya no es suficiente. La decisión de cambiar nuestro modelo energético es política y está todavía esperando a que nuestros políticos la asuman. Sin embargo, como ciudadanos, podemos decidir y actuar tomando decisiones que disminuyan nuestra huella de carbono y votando a los líderes que mejor respondan a la actual crisis ambiental.


Para la redacción de este artículo se ha contado con la aportación de Corey Bradshaw (Universidad de Flinders, Australia) y Stephan Lewandowsky (Universidad de Bristol, Reino Unido).