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La cara oculta del parto: trastorno por estrés postraumático

Cuando escuchamos las palabras “trastorno por estrés postraumático”, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de una persona que ha vivido una situación extremadamente estresante. Es decir, un superviviente a un desastre natural, accidente o atentado terrorista.

Sin embargo, según la Asociación Americana de Psiquiatría, la persona que experimenta un trastorno por estrés postraumático se caracteriza por presentar los siguientes síntomas: reviven periódicamente el momento traumático mediante pesadillas o flashbacks, evitan las experiencias que le recuerden a ese momento, presentan alteraciones negativas en el estado de ánimo y un aumento de la ansiedad.

Esta sintomatología debe haber durado al menos un mes y afectar significativamente al funcionamiento de su vida diaria y cotidiana.

Normalmente, a las mujeres se les presenta el parto como un proceso idílico y bucólico, por lo que cuesta imaginar que algunas lleguen a experimentar este mismo trastorno. Hay a quienes les resulta extraño e incluso increíble.

Sin embargo, en algunos casos la vivencia del parto se ha producido bajo un entorno de miedo extremo como consecuencia de una potencial amenaza para su vida o la de su bebé.

De hecho, como afirman autores como Cheryl Tatano Beck, ni siquiera es necesaria una situación de amenaza real, sino que sería suficiente con la percepción de la madre, “el trauma del parto reside en la mirada de quien lo percibe”.

Un problema poco estudiado pero importante

Los primeros estudios que describieron y hablaron de estrés traumático después del parto se remontan al año 1978, mediante los trabajos de Bydlowski y Raoul-Duval, bajo la etiqueta de “neurosis traumática post-obstétrica”.

Sin embargo, no fue hasta los años 90 cuando se observó que el embarazo y el parto podrían ser el origen por sí mismos de este importante problema de salud.

Actualmente, se ha estimado que en la población general un 4 % de las mujeres sufren un trastorno por estrés postraumático tras el parto. En población de riesgo esta cifra asciende a un 19 %.

Las publicaciones realizadas en España por Antonio Hernández y sus compañeros han observado una prevalencia de mujeres en riesgo en población general en torno a un 7 y 10 %.

En estos últimos años el número de publicaciones sobre el tema ha crecido, lo que demuestra el inicio de la visibilización del problema. No obstante, siguen siendo escasos en nuestro país y hay muchas lagunas de conocimiento sobre este problema. Por lo que es necesario que se promuevan nuevas investigaciones, que vayan desde la búsqueda de estrategias eficaces de prevención hasta los tratamientos más adecuados para las mujeres que lo sufren.

Consecuencias para las mujeres

Las mujeres que padecen trastorno por estrés postraumático tras el parto pueden experimentar una gran variedad de síntomas y problemas. Estos no le afectan solo a ella, sino también a las relaciones con su pareja y con su bebé.

Las mujeres que presentan este trastorno vuelven a experimentar el evento, pueden tener una sensación de desconexión con el bebé, ausencia de la realidad, pesadillas, irritabilidad (especialmente hacia el personal sanitario), rechazo a una nueva maternidad o incluso desarrollan tocofobia (miedo al embarazo y parto).

A día de hoy, hay una evidencia creciente que sugiere que el trastorno por estrés postraumático posparto puede afectar a la relación entre la madre y el hijo, así como al comportamiento infantil y a su desarrollo cognitivo.

Un problema evitable

Por otra parte, aunque son múltiples los factores que tienen influencia para desarrollar trastorno por estrés postraumático, cobran especial relevancia todos aquellos que pueden ser modificables y especialmente aquellos que dependen de las intervenciones de los profesionales sanitarios.

En este sentido, ya se han identificado algunos factores protectores de trastorno por estrés postraumático. Entre ellos destaca la práctica del contacto precoz piel con piel con el bebé tras el parto, que las mujeres utilicen planes de parto (un documento donde las mujeres reflejan sus preferencias en los cuidados del parto, siempre que sea posible), la lactancia materna y el empleo de una analgesia adecuada.

Por el contrario, se han identificado como factores de riesgo la realización de una cesárea urgente, un parto en el que se utilicen instrumentos obstétricos (fórceps, ventosa, espátulas), la extracción manual de la placenta, la existencia de desgarros perineales graves y el ingreso del recién nacido (separación de la madre y el hijo), entre otros.

Momento para la reflexión y la autocrítica

Somos conscientes de que muchos de los factores asociados a un trastorno por estrés postraumático son inevitables, como podría ser una complicación durante el parto que requiera realizar una cesárea urgente.

Pero, si tras realizar la cesárea, la madre y el bebe presentan un buen estado de salud, iniciar el contacto precoz piel con piel podría ser muy beneficioso para ambos. Esta intervención podría amortiguar en parte la vivencia traumática previa y las consecuencias que de esta se puedan derivar a corto, medio y largo plazo.

Consideramos que la mayoría de los profesionales actúan de forma correcta y su principal objetivo es que madre y bebé estén sanos. Sin embargo, existen cuidados que requieren escasos recursos, dependen fundamentalmente de la voluntad de los profesionales y pueden tener un efecto muy positivo tanto en las mujeres como en sus hijos.

Prácticas como el contacto precoz piel con piel, la lactancia materna y respetar los planes de parto (si la situación lo permite) que presenten las mujeres, son ejemplos claros de ello.

Debemos tener presente que lo que para muchos puede ser un cuidado de rutina, para algunas mujeres pueden suponer lo que marque la diferencia entre desarrollar o no un trastorno con importantes implicaciones para su vida.

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