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Parque infantil en La Lajita, en la isla de Fuerteventura. Shutterstock / Besides the Obvious

Los parques no son el problema de la covid-19

La transmisión aérea de cualquier virus o patógeno disminuye muy significativamente en ambientes exteriores. Es algo relativamente fácil de entender y también es algo muy habitual.

La gripe, el sarampión, la varicela y otras muchas enfermedades, además de la covid-19, se pueden transmitir desde una persona contagiada a otra que se encuentra cerca a través del aire. Al respirar, hablar o toser, la persona contagiada emite patógenos en unas pequeñas gotas que viajarán por el aire y podrán alcanzar a otros que al inhalarlas podrían infectarse.

No obstante, la transmisión de enfermedades depende también de otros factores como el tiempo de exposición al patógeno o el sistema inmunitario de las personas.

¿Por qué es tan difícil resolver la problemática del uso de parques?

Al aire libre la cantidad de patógenos exhalados por una persona enferma se diluirá notablemente y la concentración no será, seguramente, suficiente para contagiar a nadie si se mantiene la distancia física adecuada.

Sin embargo, los parques, en general, y los infantiles, en concreto, son algo más que espacios abiertos. Son espacios de reunión social donde las personas socializan y entran en contacto. Esto suele suponer que la distancia entre ellas se acorta y que puede existir contacto directo.

Mascarillas para evitar el contagio aéreo

Cuando dos o más personas están a una distancia corta –menor de los 1,5 metros marcados por las medidas de distanciamiento social– se forma un microambiente entre ellas. Es decir, independientemente de la ventilación de la sala o incluso estando al aire libre, las partículas exhaladas por alguien contagiado pueden viajar de forma rápida y directa a otra persona que esté enfrente.

El uso de mascarillas ayuda a reducir este fenómeno. Las mascarillas son siempre necesarias cuando nos acercamos a hablar con alguien, estemos donde estemos, si queremos evitar contagios.

Los mayores riesgos: el contacto directo y las superficies

Además de la infección vía aérea de la covid-19, que sería poco probable en espacios exteriores si, tal como se ha matizado anteriormente, se hace uso de la mascarilla, también existe el contagio entre personas por contacto directo. Esto sucede, por ejemplo, si alguien compartiese una botella de agua con una persona contagiada, pues entraría en contacto directo con patógenos de esa persona.

Pero, además, la covid-19 (y otros muchos virus y bacterias), pueden sobrevivir en superficies durante varias horas. Esto quiere decir que, si alguien contagiado toca con sus manos, con las que se habrá tocado la nariz o la boca anteriormente, una superficie, esta podrá ser un foco de infección para una persona sana que la toque y a su vez se lleve manos a la cara.

Esta forma de contagio indirecto no afecta a ambientes exteriores a menos que haya superficies de uso común como podría ser un tobogán, donde los niños que lo utilicen estarían poniendo las manos en la misma superficie.

En estas circunstancias, acotar el uso de columpios sería una estrategia preventiva de contagio, ya que en estos casos la correcta higienización de las personas (a través del lavado de las manos) o superficies (con la limpieza habituales que realizamos en los hogares, colegios, etc.) es difícil de lograr.

¿Se debe prohibir el acceso a los parques?

Cualquier pandemia del calibre de la que estamos viviendo no es fácil de abordar, el sentido común y nuestro conocimiento serán nuestros mejores aliados.

Debemos poder disfrutar de la naturaleza y del aire libre. Quizá esta pandemia nos ayude a replantear el diseño de nuestras ciudades para dar más cabida a espacios abiertos con árboles y plantas que purifican el aire, dan vida y nos ayudan a estar sanos, en especial a niños y ancianos. De esta manera todos podríamos disfrutar de parques sin aglomeraciones.

Mientras tanto, un buen uso de los parques que tenemos podría ser la mejor opción, aunque sin todas las diversiones (como los columpios y otras atracciones) que ofrecían cuando no estábamos inmersos en una pandemia.

Tenemos que aprender a disfrutar de los parques de otra forma: entendiéndolos como un lugar donde respirar aire puro, pasear, disfrutar del tiempo en familia, jugar, saludarse y charlar brevemente con mascarilla. Pero siempre evitando situaciones de riesgo de contagio como el uso común de mobiliario, el compartir comida en meriendas, las reuniones con personas que no son de su entorno diario o el contacto directo con ellas.

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