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un baby yoda con un bocadillo de cómic en el que pregunta si habla alemán.

No es tan fiero el alemán como lo pintan

El alemán es una lengua que los hispanohablantes suelen calificar de difícil, pero no tenemos que temerlo. No es tan fiero como lo pintan. ¡Es divertido, friki, moderno y reivindicativo! Podemos imaginárnoslo como un marcianito entrañable: cuando introduce un “porque” o un “cuando, en la oración, habla como Yoda de Star Wars.

Además, es muy feminista, aunque tiene alguna cana machista. Sus bienes más preciados, los artículos determinados, tienen una gran mansión. Son una familia de tres, con sus conflictos y rencillas. A la mujer le gusta el travestismo y suele tener la razón. Pero ellos, los artículos determinados, también son los influencers de la gramática: mudan de outfit en función del piso de la mansión en el que se encuentren. Sus followers, los adjetivos, intentan ir también a la última, pero no poseen tantos recursos.

A lo ‘Star Wars’

Si están weil (porque) y wenn (cuando) invitados, tenemos que ponernos nuestro disfraz de Yoda. Nos toca darle un golpe lo más fuerte posible al balón para que el siervo verbo, que se conjuga, se coloque en el último vagón del frasetrén y, ¡ojo!, son tan finos que necesitan que un simbolito llamado coma (,) vaya delante de ellos. ¡Veámoslos en acción!

  • Martín, ¿por qué no has comido?
  • No he comido, weil yo a las tres con Julia al cine ido he.

  • Sara, ¿qué serás de mayor?

  • Wenn yo mayor sea, quiero ser profesora de alemán.

Feminista

Sí, el alemán lo es. Tiene canas machistas, porque el impersonal es hombre, pero el plural, el todo, lo general no es "los”, sino “las” (die).

  • Pedro, ¡die clases de alemán son divertidas! ¡Apuntémonos!

Der, die y das: una familia de influencers

Efectivamente, los determinantes, artículos que determinan, son una familia muy famosa con una gran mansión y un poder adquisitivo alto, lo que les permite desfilar tanto en la pasarela Cibeles de la oración, como mudarse de outfit, en función del piso en el que se encuentren.

El padre Der, la madre Die y el niño Das viven en Villa Gramática en una mansión de cuatro plantas. Cada piso recibe un nombre. El primero de todos se llama Nominativ. Aquí se muestran al natural, con sus pijamas, su zapatillas, la cara recién lavada… Y sí, la mujer tiene mucho predicamento en esta planta: ¡siempre tiene la razón! Pero son todos muy mandones: tienen que ser los que ejecutan las acciones. Son sujetos, pero también atributos.

La segunda planta recibe el nombre de Akkusativ. Es el piso preferido de la madre Die y el niño Das. No tienen necesidad de mudarse de ropa; siguen en pijama, con la cara lavada y el pelo sin peinar. Al padre le da un poco de pereza subir a él, así que se despoja de su “r” y se hace acopio de una “n” en su lugar para sentirse con más poder, con más predicamento. Ahora es el señor Den. En esta zona de la casa ya no son agentes, prefieren ser los objetos de las acciones. Son complementos directos. Pero siguen siendo mandones: ¡tienen el poder de decidir “a dónde” (wohin) tiene que ir el resto de los vecinos de Villa Gramática.

Al tercer piso se lo conoce como Dativ. Y aquí la mujer se siente genial, ¡quiere travestirse! Ya no es Die, ahora se llama Der: se disfraza de su marido en su estado natural. Por su parte, el padre y el niño hacen piña: ¡se visten iguales! Pantalones, mocasines, camisa, chaqueta y corbata de marca M, la mejor del mercado gramatical. Ahora se los conoce como Señor Dem, Señora Der y Niño Dem.

¿Qué pasa con el plural? ¿Sigue la mujer teniendo la razón? ¿Es die? No, ya no lo es. Como reivindicación al movimiento liberador de su mujer, el marido conquista el plural (solamente en este piso) y se viste igual que en la planta anterior. Así que lo plural ahora es “den”. En esta parcela de la casa son complementos indirectos y complementos circunstanciales de lugar estáticos. Sí, estáticos, porque si se mueven deben coger el ascensor y bajar a la segunda planta, puesto que entraría en juego wohin.

¡Subimos a la última planta! ¡El cuarto piso! El lugar de la posesión, del capricho, del mío-mío, pero también del silencio, de la lujuria. Se llama Genitiv y hay una gran S en la entrada. La mujer sigue dando rienda suelta a su travestismo y ha conseguido imponerlo en el plural, que ahora es “der”. Por lo tanto, tenemos a la señora Der y al plural Der. ¿Qué pasa con el niño y el marido? Les ha gustado tanto vestirse de la misma manera que aquí no son menos: ahora los trajes, mocasines y corbatas son de la marca S, la del rey y la reina del país Gramatical, de precio prohibitivo, hechos a mano, no disponibles en el mercado, sino por encargo. Así que estamos ante el Señor Des y el niño Des. Son complementos del nombre.

Los adjetivos: los followers

La familia de los Determinantes Artículos Determinados tiene muchos followers. También se los conoce como adjetivos. Quieren vestirse como ellos, pero no pueden. Sus marcas de referencia son E y EN.

Alemán: un Yoda feminista y moderno

Imaginemos al alemán como nuestro Yoda particular, que reivindica lo femenino y que se divierte mudando de forma. No es tan fiero.

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