¿Por qué les cuesta tanto a los españoles aprender inglés?

El conocimiento de lenguas extranjeras y, particularmente, del inglés, es un requisito que no falta en las ofertas laborales más atractivas (por la remuneración, pero no solo). Existe una relación estrecha entre empleabilidad y conocimiento del inglés.

Sin embargo, los datos disponibles indican que la fluidez en el uso del inglés no está en España en los niveles óptimos. EF Proficiency English sitúa a España en el número 35 entre 100 los países considerados y en el 25 de 33 europeos. El nivel medio español está cerca de Italia y muy por detrás de otros Estados de Europa. No solo de Holanda, Suecia, Noruega y Dinamarca, que ocupan los primeros lugares, sino también de Austria, Alemania, Polonia o Portugal, por ejemplo.

Importancia del inglés para los españoles

Por otro lado, los datos del CIS reflejan la elevada importancia que tiene para los españoles la formación en idiomas. Aparece en segundo lugar, solo después de las matemáticas. Sin embargo, en diciembre de 2016, casi el 60% de las personas encuestadas reconocía que no hablaba, escribía o leía el inglés. Igualmente, solo el 27,7% manifestaba que lo hablaba y lo leía (el nivel sería otra cuestión).

Es posible que no haya un solo factor que explique este desajuste entre la conciencia de la importancia de la formación en inglés y el insuficiente conocimiento de esta lengua. En todo caso, habrá que tener muy presente el sistema educativo.

No es tan fácil aprender inglés

No hay que olvidar, de entrada, y en contra de lo que se publicita en ocasiones, que aprender una lengua extranjera no es sencillo ni rápido. Hay que contar con factores como motivación, apoyo, recursos o esfuerzo. Si no se dan en un grado significativo, el intento, probablemente, resultará insatisfactorio.

Para llegar a un nivel operativo de fluidez y competencia comunicativa, y no digamos para adquirir un nivel avanzado, hay que pasar por una formación de calidad y profundidad suficiente. Además, hay que hacerlo con la implicación necesaria. Si no es así, lo que se aprende sirve de poco.

A partir de aquí, pueden actuar diversos elementos.

Contexto social y cultural

Históricamente, el modelo económico y de relación intercultural que obliga a manejar otros idiomas no es seguramente en España comparable al de otros países. Para las personas vinculadas a economías poco orientadas al intercambio internacional, no resulta tan necesario aprender otras lenguas. La posguerra española, por ejemplo, reforzó esta tendencia. El desarrollo de la economía y del turismo a partir de los años sesenta abre un camino opuesto, en el que estamos ahora.

Por su parte, los habitantes de países relativamente pequeños o poco poblados en comparación con España, como algunos de los que se mencionan al comienzo, seguramente han encontrado tradicionalmente motivaciones directas con más facilidad. Por razones económicas y comerciales (necesidad obliga), a sus habitantes les resultará imprescindible aprender otras lenguas, ya que la suya quizás no sea tan conocida fuera del país. Modernamente, hay que contar con otros factores como, por ejemplo, el general predominio en estos lugares de la subtitulación sobre el doblaje como ayuda para el contacto con idiomas.

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El reto educativo

Para acortar las distancias se requiere un esfuerzo de formación basado en un sistema educativo sólido y coherente. El debate en España en torno a la educación ha dado lugar en los últimos cuarenta años a diversas reformas que no han acabado de cuajar en un modelo satisfactorio y consensuado. Tampoco se ha dotado a la educación de la financiación adecuada. Prueba de esta situación son los resultados, mejorables, del alumnado español en las pruebas PISA.

En cualquier caso, no se pueden negar avances. El profesorado de lenguas extranjeras que hay en las escuelas e institutos de España tiene en general y desde hace años una aceptable base didáctica y lingüística. No hay que dejar de profundizar en esta línea.

Al mismo tiempo, se extiende el aprendizaje integrado de contenidos y lengua extranjera (AICLE), pero hace falta más profesorado que pueda impartir sus clases de matemáticas o historia en inglés. Además, resulta muy difícil lograr resultados satisfactorios en aulas sobredimensionadas y con problemáticas, en ocasiones, considerablemente disruptivas. Tampoco ayuda, naturalmente, un abandono escolar preocupante.

Por otro lado, y de manera complementaria, el sistema educativo español no siempre favorece de manera adecuada la iniciativa y la autonomía de los estudiantes. En los últimos años de la enseñanza secundaria y en la educación superior, el interés por aprender una lengua tiene que ver con una planificación personal y un proyecto de vida. Nuestro sistema, limitado de recursos, no acaba de impulsar el aprendizaje significativo que sitúa a los estudiantes en la primera línea de su propia formación.

Formación universitaria

Desde el punto de vista de la educación universitaria, las dificultades de las universidades catalanas a la hora de conseguir en sus egresados un nivel B2 de lengua extranjera son un buen ejemplo de la situación actual.

Ello no significa que no se haya progresado en los últimos decenios, con el impulso añadido de los programas de movilidad (sobre todo, el programa Erasmus), que contribuyen enormemente a abrir a los jóvenes a otras lenguas y culturas. Pero, además, habría que acelerar los cambios en la estructura de la universidad española.

Para empezar, se tiene que ahondar en la renovación pedagógica en todas las materias. Como se apunta arriba, la enseñanza de lenguas es un área que ha avanzado en este sentido y no deja de progresar. Más allá, la renovación tiene que generalizarse. Convendría pasar más decididamente a enfoques centrados en el alumnado y en su papel activo y protagonista de su aprendizaje. Los planteamientos del Espacio Europeo de Educación Superior van en este sentido. A partir de ahí, surgen puentes a la autonomía personal y, más allá, al deseo de aprender idiomas y conocer culturas.

La formación en lenguas extranjeras, repetimos, no es fácil. Va más allá de las propias materias de idiomas y constituye un reto complejo para un sistema educativo. El mayor o menor éxito en el empeño refleja la capacidad que tiene este sistema para suscitar o mantener en los estudiantes la motivación que permite dar sentido al esfuerzo que hay que realizar. Aún queda camino por recorrer.

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