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¿Por qué nos gusta más escuchar música en grupo que en solitario?

En el año 1871 Charles Darwin afirmó que la música es una de las facultades más misteriosas de las que está dotado el ser humano. El efecto de la música sobre nuestro cuerpo y mente es algo que ha mantenido perplejos a filósofos e investigadores desde tiempos remotos. Sin embargo, a día de hoy tenemos un mayor conocimiento sobre cómo se procesa la música en el cerebro y por qué es tan importante para los seres humanos.

La música tiene historia

La música juega un papel muy importante en nuestra vida diaria. Según un estudio reciente, tanto adolescentes como adultos dedicamos al menos tres horas del día a escuchar música.

La importancia de la música en la vida cotidiana no es una cuestión relacionada con el mundo moderno sino algo que se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad. De hecho, se han encontrado instrumentos musicales fabricados a partir de huesos de buitre datados de hace 40 000 años.

Curiosamente, a diferencia de otros estímulos como la comida o la bebida, escuchar música y tocar un instrumento musical parecen actividades irrelevantes para la supervivencia de los individuos. Por tanto, ¿por qué seguimos escuchándola y produciéndola desde tiempos inmemorables?

Una posible explicación a esta pregunta radica en el poder que tiene la música sobre nuestras emociones. Es capaz de provocar y regular estados emocionales muy potentes.

Por ejemplo, cuando estamos tristes y ponemos música alegre nuestro estado de ánimo puede mejorar. Por el contrario, cuando estamos en un estado de nerviosismo y ponemos música tranquila podemos pasar a otro de relajación.

Pero ¿por qué la música tiene la capacidad de producir estas respuestas emocionales, generalmente positivas? La razón se debe al hecho de que la música activa ciertas áreas cerebrales asociadas con la emoción y el placer, al igual que otros estímulos relevantes como las drogas o el dinero.

¿Qué áreas del cerebro se activan con la música?

El procesamiento de la música se produce en la corteza auditiva (conjunto de áreas que se encargan de procesar la información que proviene del sentido de la audición).

Adicionalmente, la música activa otras áreas cerebrales asociadas con el placer y las emociones. Por ejemplo, el núcleo accumbens, una estructura que forma parte del circuito de recompensa, llamado así porque se activa ante estímulos típicamente recompensantes como el chocolate o el dinero. También activa la corteza prefrontal, encargada de funciones más complejas como la regulación de las emociones, y el sistema límbico, un conjunto de estructuras esenciales para el procesamiento emocional.

Curiosamente, a diferencia de lo que ocurre con otros estímulos recompensantes, la escucha de música impulsa el hipocampo, estructura que forma parte del sistema límbico y que tiene un papel fundamental en la memoria. Tal hecho sugiere que la memoria tiene un papel importante durante la escucha de música.

Aunque la música es capaz de producir respuestas muy intensas en las personas oyentes, se sabe que no todas las personas reaccionamos de la misma forma. Algunas experimentan la escucha de música como algo muy recompensante y placentero mientras que otras presentan una inhabilidad para experimentar placer.

Sorprendentemente, se ha demostrado que las personas que conciben la música como algo muy recompensante tienen una mayor conectividad entre las áreas mencionadas anteriormente.

Shutterstock / Master1305

Música que produce cambios químicos

Además de activar ciertas áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento auditivo y emocional, la escucha musical también produce cambios químicos en el cerebro.

Un estudio reciente ha demostrado que la escucha de música produce la liberación de dopamina (un neurotransmisor que participa en la detección de estímulos placenteros y recompensantes) en el circuito de recompensa. Esto indica que la escucha de música puede tener propiedades similares a otras experiencias recompensantes, tales como los motivos primarios (por ejemplo, la comida o bebida) o secundarios (por ejemplo, el dinero).

Además, la escucha de música produce la liberación de otros neurotransmisores importantes en la conducta social como es el caso de la oxitocina. ¿Sabías que esta hormona tiene un rol muy importante en las conductas de apego de los mamíferos?

En resumen, a día de hoy sabemos que la música tiene la capacidad de activar múltiples áreas cerebrales y producir, a su vez, que nuestro cuerpo reaccione de diferentes formas. Por ejemplo, escuchar música agradable y alegre produce un aumento en el nivel de sudoración y tasa cardíaca.

Doble dosis de música si es en grupo

Paradójicamente, la escucha de música es una actividad que solemos hacer en compañía. De hecho, hacerlo de esta forma puede ser incluso más recompensante y agradable. Por ejemplo, solemos asistir a conciertos en grupo, compartimos gustos musicales con nuestros amigos, formamos parte de bandas musicales, etc. Pero ¿por qué nos gusta escuchar música en grupo? ¿Existe algún mecanismo biológico que explique este fenómeno?

Es bien sabido que los seres humanos somos seres sociales por naturaleza. Establecer vínculos con otras personas tiene enormes beneficios para nuestra salud y bienestar físico y mental.

En este sentido, la música juega un papel muy importante para el establecimiento o fortalecimiento de estos vínculos. A este respecto, un modelo teórico propuesto recientemente defiende que la escucha de música activa circuitos neuronales cruciales para el entendimiento social. Por ejemplo, la corteza prefrontal o la ínsula, estableciendo una relación entre la conducta social y el procesamiento musical.

Asimismo, la liberación de dopamina y oxitocina durante la escucha de música puede aumentar el sentimiento de sentirnos bien y facilitar la conexión con otras personas. Adicionalmente, se ha demostrado que escuchar música en grupo reduce el cortisol (una hormona cuya liberación se produce en situaciones de estrés).

En consecuencia, la escucha de música, y concretamente hacerlo en grupo, puede generar reacciones neuroquímicas que benefician al sistema inmune y reducen el estrés, lo que ayuda a mejorar la salud mental de los individuos.

Sumado a los beneficios biológicos anteriormente mencionados, la escucha de música en grupo tiene beneficios a nivel social puesto que incrementa la cooperación, promueve las conductas prosociales y disminuye aspectos negativos como los estereotipos que dan lugar a prejuicios que, a su vez, pueden desencadenar la discriminación.

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