Audiolibros o humanos: ¿quién ayuda a desarrollar mejor la comprensión lectora infantil?

¿Quién no ha observado la fascinación de los más pequeños, pero también de los mayores, ante la narración de una historia? ¿Acaso oír cómo otros nos leen cuentos o novelas tiene un impacto similar a cuando las lee uno mismo? ¿Utilizar un audiolibro permite desarrollar la comprensión lectora de igual forma que cuando nos lee una persona?

Posiblemente, la respuesta a la primera pregunta será afirmativa, porque los estudios apuntan al interés y fascinación que despierta en nosotros el que nos lean. Desde la aparición del lenguaje, nuestra mente está ampliamente preparada para sumergirse en las narraciones orales, incluso más que cuando las historias se representan mediante imágenes.

Por el contrario, la respuesta a las dos últimas cuestiones puede no resultar tan evidente e incluso puede parecer engañosa. Ahora bien, la investigación proporciona datos considerables que avalan el uso de los audiolibros para mejorar las habilidades lingüísticas.

Las cuatro habilidades lingüísticas

Ser capaz de explicarse oralmente, saber escribir, comprender un mensaje oral o bien comprender un mensaje escrito constituyen las cuatro habilidades lingüísticas que las personas debemos aprender a desarrollar y a utilizar de forma eficaz.

Puede parecer curioso, pero dichas habilidades, a pesar de ser distintas, comparten un buen número de estrategias entre sí. Por ejemplo, para comprender un discurso oral es importante ser capaz de inferir información que el interlocutor no proporciona, ser capaz de interpretar la información que se recibe y poder realizar anticipaciones de aquello que potencialmente nos dirá nuestro interlocutor.

Estas estrategias también las necesitamos cuando nuestro objetivo es comprender un texto que estamos leyendo, porque debemos inferir, interpretar y predecir o anticipar lo que acontecerá en la historia.

Escuche con atención

¿Qué sucede cuando escuchamos un audiolibro? En buena medida debemos activar las estrategias que hemos descrito y que son compartidas tanto por la comprensión oral como por la comprensión escrita. Y, en función de la atención que seamos capaces de otorgar al texto que oímos, podremos aprovechar para aprender vocabulario y recursos lingüísticos diversos que nos pueden ser útiles de cara a futuros documentos que tengamos que escribir o para exponer oralmente nuestras ideas.

En definitiva, escuchar, leer, hablar y escribir son procesos que se retroalimentan, y se puede incidir en uno de ellos mediante la promoción de los demás.

En España la presencia de audiolibros digitales está en auge, como demuestran algunos estudios recientes. A pesar de que las publicaciones de audiolibros infantiles y juveniles son todavía relativamente escasas en nuestro contexto, se trata de un recurso que va abriéndose paso y que se puede utilizar tanto en casa como en los centros educativos o en la biblioteca, y con distintas finalidades.

¿Son útiles para los lectores aprendices?

Los expertos en este ámbito señalan que para los aprendices que todavía no son lectores eficientes, sino que empiezan a adentrarse en la lectura, los audiolibros son un recurso interesante para adquirir nuevo vocabulario y familiarizarse con el lenguaje escrito, que es distinto del lenguaje que utilizamos cuando conversamos.

De hecho, escuchar cuentos, historias, narraciones, textos científicos, bien leídos por otras personas, bien mediante el uso del audiolibro, promueve la capacidad de comprensión lectora futura.

En los lectores principiantes, escuchar el contenido de un libro contribuye a que puedan reconocer mejor las palabras escritas en el texto y, de esta forma, aprender nuevo vocabulario. Asimismo, el o la narradora del audiolibro se convierte, potencialmente, en un modelo de “buen lector”. Por ello, si el lector intenta leer al mismo tiempo que el narrador, puede ver incrementada su fluidez lectora.

Un atractivo para los adolescentes

Para los adolescentes que se sienten atraídos por las tecnologías y los distintos soportes multimedia, escuchar libros puede resultarles más atractivo que simplemente leerlos, facilitando, de esta forma, su interés por la lectura.

Además, desde el aprendiz de lector hasta el que ya se siente capaz de manejarse con la lectura, los audiolibros narrativos contribuyen al desarrollo de la imaginación y a la implicación de los lectores/oidores en las historias que leen/escuchan.

También son interesantes los audiolibros con contenidos informativos que transmiten conocimiento porque ese tipo de texto es el que acarrea mayores dificultades de comprensión tanto en pequeños como en mayores.

Para niños con problemas de aprendizaje

Las ventajas que acabamos de enumerar son igualmente ciertas, como revelan distintas investigaciones, para niños y niñas con problemas de aprendizaje, con dificultades de lectura (como la dislexia), o con discapacidades visuales. Asimismo, es innegable el potencial de este recurso para el aprendizaje de la lengua, ya sea la propia, o bien una segunda lengua.

No vale cualquiera

Ahora bien, si nos interesa promover la comprensión lectora, no valdrá cualquier audiolibro, ni tampoco obligar a los lectores a utilizarlos.

En primer lugar, aunque seleccionemos los audiolibros en función de la edad de los lectores, los libros resumidos deben evitarse, puesto que lo relevante es que se pueda escuchar el contenido completo y auténtico del texto, aunque dicho contenido pueda parecernos algo complejo.

En segundo lugar, si permitimos que los niños y niñas seleccionen qué audiolibro quieren leer y les dejamos que descarten aquel que nos les agrada, porque, como a veces nos sucede a los lectores expertos con determinados libros, la voz del narrador o el contenido, no les convence, contribuiremos a que se sientan más autónomos y motivados hacia la lectura/escucha del libro.

¿Pueden sustituir al lector de carne y hueso?

A pesar de las potenciales ventajas del audiolibro que hemos ido desglosando, a nuestro juicio la respuesta a la pregunta de si pueden los audiolibros sustituir al lector de carne y hueso sigue siendo negativa, al menos por tres motivos relevantes desde el punto de vista educativo:

  1. El primero tiene que ver con los aspectos afectivos, motivacionales y relacionales. Si bien hemos aludido en apartados anteriores a los beneficios que puede tener el uso del audiolibro para la motivación, en especial en adolescentes, es bien sabido que la puerta a la lectura suele venir de la mano de los padres, mediante la lectura de cuentos, aprovechando el carácter emocionalmente positivo de esas situaciones para promover el gusto por la lectura. Este tipo de situaciones parecen difícilmente sustituibles por medio de un audiolibro y sin mediación de los progenitores.

  2. El segundo motivo tiene que ver con el tipo de procesos cognitivos que median la comprensión lectora. En este sentido, si bien existen estudios sobre las bondades del uso de audiolibros para promover el desarrollo de la fluidez lectora (sin duda necesaria para la comprensión), hasta la fecha no tenemos conocimiento de la eficacia de los audiolibros para el desarrollo de otras habilidades igualmente relevantes como, por ejemplo, la capacidad para autorregular la propia lectura. Dicha capacidad difícilmente puede aprenderse sin las ayudas ajustadas que pueden proporcionar los docentes en contextos educativos.

  3. Finalmente, el tercer motivo tiene que ver con la estrecha relación que se establece entre la competencia en lectura y la competencia en escritura. Si no se tiene la precaución de utilizar el audiolibro conjuntamente con el libro, de manera que el lector pueda ir siguiendo el texto escrito a medida que escucha la narración, pueden acabar apareciendo dificultades en la escritura, vinculadas a la ortografía.

Debemos, por tanto, concluir que sigue siendo cierta la antigua premisa de que cualquier maestro que pueda ser sustituido por una máquina merece serlo, puesto que, a día de hoy, las tecnologías pueden ayudar al docente o a otros lectores del entorno del niño en muchas cuestiones, pero siguen sin poder sustituirle.

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