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Cómo conocer mejor la situación de las residencias de mayores en tiempos de covid-19

Son muchos los hechos asociados con el desarrollo de la pandemia de covid-19 desde su inicio hasta el día de hoy y entre ellos hay dos que aparecen estrechamente ligados: ser una persona mayor y vivir en una residencia. Las recomendaciones emanadas desde diversos organismos, los resultados de investigación, los medios de comunicación, los informes oficiales o semioficiales o, en definitiva, la conciencia social han reflexionado sobre el significado de vivir y envejecer en una residencia de personas mayores.

Su análisis está atravesado por aspectos controvertidos, que, sin embargo, reflejan escenarios de mejora futura. Uno de ellos es el de los datos. Recientes aproximaciones en España muestran la dificultad de recontar las personas afectadas y fallecidas viviendo en residencias, en relación con la población contagiada, que vive en sus domicilios o es tratada en hospitales. Informes de investigación de medios de comunicación advierten de la discrepancia entre los datos oficiales con otras estimaciones. El último ejemplo de esta controversia son los resultados provisionales publicados por el INE.

Otro escenario de gran interés es el publicado en informes de carácter científico, político y/o institucional, que, además de analizar datos, valoran las políticas públicas sobre residencias. Una aproximación, con un fuerte fundamento científico, se realiza en el proyecto desarrollado por el Instituto de Políticas Públicas (CSIC), que desgrana los aspectos institucionales, organizativos y de gestión de cuidados en las residencias.

La Fundación Eguía Careaga propone una revisión de situaciones y ofrece un catálogo de diversas medidas y niveles administrativos, para complementar otras aproximaciones realizadas en los últimos meses en la red LTCCovid.

Un estudio de la situación de las residencias en la primera oleada ha sido publicado recientemente por el Ministerio de Asuntos Sociales para poner en valor las evidencias conocidas ante distintas situaciones que afectan a las residencias, las lecciones aprendidas en este tiempo y las medidas a tomar.

Finalmente, los requerimientos personales e institucionales sobre el funcionamiento de las residencias durante la pandemia son diagnosticados en el informe del Defensor del Pueblo y vinculados con las medidas y actuaciones tomadas por los distintos niveles de la administración pública.

No hay muchos estudios de opinión sobre las residencias

No son, en cambio, habituales los estudios sobre la opinión y visión de la sociedad sobre la situación de las residencias de personas mayores. Muchas investigaciones preliminares obtienen sus datos a través de encuestas en línea, pero sus requerimientos técnicos no tienen suficiente fiabilidad para asegurar que los resultados obtenidos sean una imagen de la población real a la que investigan.

Sin embargo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) acaba de poner a disposición del público el avance de resultados de un estudio sobre efectos y consecuencias del coronavirus (II), con una perspectiva nacional.

La encuesta se desarrolló a finales de noviembre de 2020, en una muestra de más de 2.000 personas encuestadas a través del teléfono fijo y móvil (nivel de confianza: 95,5%; un error: 2,2%). La distribución por edad es similar, aunque sobrerrepresentada en la población mayor de 65 años (25%, edad media: 50 años). La distribución por sexo muestra una ligera preponderancia de las mujeres (52,2%).

Preocupados por las personas mayores

Otras variables clasifican a la muestra según su estado civil, tamaño del hogar, forma de convivencia, situación laboral y otras de carácter sociológico. El estudio pretende obtener las opiniones de la población española sobre los efectos del coronavirus (sentimientos personales, salud, vacunación, medidas aplicadas, reacciones ante el confinamiento).

El bloque de mayor interés para este trabajo es el que pregunta por la situación de las personas mayores y, específicamente, sobre las residencias. Algo más del 90% de la población española está muy o bastante preocupada por la situación de las personas mayores, en general, más las mujeres y los grupos de edad adulta, pero menos entre los mayores de 65 años, quizás debido a la diferente percepción de la situación según se esté viviendo por cada persona y por las circunstancias personales que la rodean.

Los motivos de tal preocupación, como respuesta múltiple, revelan un escenario en el que predomina el miedo a enfermar o a fallecer por covid-19 (55%), vinculado con la saturación de los servicios sanitarios (21%), o el aislamiento y soledad experimentados durante el confinamiento (44%), que va de la mano de las restricciones para mantener los contactos sociales con la familia y/o amigos (23%).

El primero es un sentimiento sostenido por quienes tienen 45 o más años, pero no por los más mayores. El segundo lo es, dominantemente, por las mujeres (48%%) y la población adulta en general.

El 4% de la población mayor vive en residencias

La población mayor que vive en residencias en España está en torno al 4%, aproximadamente 370.000 personas. Esta cifra refleja un deseo relativamente bajo entre la población de edad cuando es preguntada sobre su interés en vivir en una residencia, si las condiciones personales y/o familiares así lo imponen. Sin embargo, la pandemia COVID-19 ha dado un significado social más amplio a las residencias del que tenían antes del mes de marzo.

Varios estudios han remarcado un hecho nuevo, quizás vinculado a la forma de obtener la información: quienes no viven en las residencias declaran, en un porcentaje superior al 10%, que tienen un familiar viviendo en residencias, o un familiar y/o un amigo cercano (19%) según esta encuesta del CIS.

Ese valor porcentual tan elevado sube aún más cuando se pregunta por la situación previa a la pandemia, un 27%, así manifestados por todos los grupos de edad, por hombres y por mujeres, especialmente los más mayores.

No parece que la pandemia y su afectación a las personas residentes haya ayudado a las familias para tomar la decisión de sacarles de las residencias, solo el 5% así lo manifiesta, valor algo mayor entre las mujeres. Quizás esté primando en este comportamiento la necesidad de atención más permanente y especializada a las personas mayores en una residencia que en el entorno familiar, sin que la pandemia haya sido decisiva para ello.

Toda la población española ha tenido oportunidad de conocer durante la pandemia el significado de vivir en una residencia. A diferencia de la preocupación por las personas mayores en general, la que se manifiesta sobre la situación actual de las residencias es alta también (85%), especialmente entre las mujeres y los adultos mayores de 35 años, en contraste con las personas de 65 y más años. Los motivos que se declaran para estar preocupados son numerosos y diversos y coinciden en buena medida con los informados sobre la población mayor (Figura 1).

La preocupación más extendida se asocia con las limitaciones en la atención de las personas mayores en las residencias (brotes, 20%; posibles contagios, 8%), opinión no declarada en mayor proporción por las propias personas mayores. Sin embargo, la falta de personal, aún no siendo reportada por más del 10%, lo es más por los mayores de 65 años.

No se pregunta por las condiciones materiales de los entornos residenciales y su influencia posible en el comportamiento de las personas residentes durante la pandemia, aunque sí sus condiciones de vida y su afectación en las personas. Y en este apartado emergen destacados en la imagen social el aislamiento y la soledad, con un porcentaje más alto de preocupación entre las mujeres (18%).

La convivencia en situaciones de riesgo derivadas de las posibilidades de contagio en un entorno cerrado apenas preocupa al 4% de la población encuestada, al igual que la falta de atención a los mayores, similar al maltrato. Otro ámbito de preocupación es el de la gestión institucional de la situación de las residencias durante la pandemia, y es un aspecto que ha salido a la luz de forma sorpresiva porque la sociedad no fue consciente del mismo hasta que el coronavirus ha afectado a las personas mayores más vulnerables.

Los informes anteriormente mencionados nacen ante la necesidad de dar respuesta a cómo se ha estado gestionando institucional y administrativamente la pandemia en las residencias, de cómo se ha vinculado la atención socio-sanitaria prestada habitualmente con la atención de salud que se ha requerido perentoriamente durante la pandemia, esencialmente la atención primaria a los residentes afectados por coronavirus y su derivación (o no) a centros hospitalarios.

El 12% así lo informan, algo más entre los hombres, pero menos entre los mayores de 65 años. Socialmente se ha instalado la imagen de la falta de coordinación institucional en la gestión, al comprobarse que a ello ha contribuido probablemente el que cada administración (nacional y regional, esencialmente) está jugando su papel en el afrontamiento urgente de la gestión y eso se percibe como una coordinación deficiente.

Baja preocupación social

Sin embargo, la preocupación social ante esta situación es realmente baja, al igual que la deficiente gestión del cuidado dentro de las residencias por falta de medios o a privatización del cuidado, apenas mencionado.

Y en este sentido, ¿cuál sería la solución para evitar esa falta de coordinación? La encuesta del CIS pregunta sobre la posible intervención de las residencias, pero sin aclarar el significado de esa intervención, ni sus condiciones ni sus efectos previsibles en la mejora de la gestión de la pandemia (Figura 2). Esta indefinición conduce a que casi una sexta parte de las personas no tenga una respuesta que ofrecer, especialmente si son mujeres y personas mayores de 65 años.

El problema, no obstante, se percibe de forma nítida cuando los datos indican que las Comunidades Autónomas seguidas por el Estado (su administración central) son quienes debieran tomar las riendas, en porcentajes similares superiores al 25%, quedando un 10% de opiniones que asignan un papel a los Ayuntamientos. Se refleja entonces una percepción del papel desigual de estos actores en la gestión de las residencias. La no intervención parece una opción no válida en el imaginario social para gestionar la situación de la pandemia en las residencias.

Un último conjunto de motivos se vincula con la residencia de personas mayores como espacio relacional, ya que ésta se asienta en un entorno social determinado que puede facilitar posibles contagios de las personas residentes, tanto de los trabajadores como de las visitas que interactúan con ellas.

La necesidad de controlar el flujo de estas relaciones externas durante la pandemia, como medidas de protección básica para las personas, ha derivado en una falta de comunicación presencial con las familias y la limitación de sus visitas, que de hecho ha afectado a la salud física y mental de los mayores residentes (ansiedad, depresión) y reforzado su aislamiento y soledad.

Así lo expresa el 7% de las personas encuestadas, más entre las mujeres y quienes tienen más de 65 años. Es una situación que se tiende a hacer más vívida entre aquellas personas que pueden ya estar siendo afectadas por la pérdida de relaciones familiares y sociales.

Cómo conocer mejor la situación de las residencias

En conclusión, no hay duda de que uno de los cambios introducidos por la COVID-19 en la sociedad española ha sido la conciencia de que las residencias de personas son, ya lo eran antes, un universo en sí mismas. Muchos estudios han descrito las condiciones epidemiológicas y de salud de sus residentes, otros han puesto de relieve las dificultades de su gestión en situaciones estresantes como ésta, algunos más han ahondado en los efectos de la pandemia en las personas residentes, especialmente los de carácter emocional y comportamental.

Lo que no es usual es tener información sobre la opinión de la sociedad sobre las residencias y eso es lo que ha pretendido este estudio del CIS. Sus resultados provisionales abren una oportunidad de acercarse a entender la valoración social de las residencias. Habrá que esperar a disponer de los datos brutos de la encuesta para profundizar en este tema.

Pero también investigaciones científicas en esta línea, especialmente aquellas con enfoque participativo, ayudarán a conocer mejor la situación de las residencias y su valoración por distintos colectivos en período o no de pandemia. Este es el objetivo que persigue el proyecto “Residencias y COVID-19”, financiado por el CSIC.

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