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¿Es útil usar recompensas para motivar en el aula y en los deportes?

Desde que nos encontramos en las etapas iniciales de nuestra vida, es frecuente que surjan dificultades, retos o problemas. Escollos que nos frustran cuando no podemos resolverlos por nosotros mismos o creemos que no podremos hacerlo.

Quizá vengan a nuestra memoria aquellas asignaturas que no pudimos superar, deportes a los que no llegamos con la eficiencia necesaria e incluso tareas del ámbito doméstico que no eran demasiado agradables.

Y cuando somos niños (y no tan niños), muchas veces basta con ofrecer un premio para motivar e incentivar la superación de todos esos obstáculos.

Desde “Si sacas todo dieces, te llevo a Disneylandia” hasta “Si te comes toda la verdura, te daré un postre rico”, no son pocos los padres y madres que alguna vez a lo largo de la crianza de sus hijos han tenido que recurrir a algún tipo de recompensa.

Shutterstock / Ground Picture

Lo cierto es que, aunque no se deberían premiar tan a la ligera ciertos comportamientos como los expuestos en el ejemplo, hay ocasiones en las que este tipo de refuerzos llegan a ser muy beneficiosos.

Existen diferentes tipos de recompensas, algunas de las cuales, aunque no sean las más atractivas, deberíamos potenciar. Y todas ellas parten del mismo concepto: la “gamificación”.

El legado de la ‘gamificación’

El término gamificación se emplea cada vez con mayor frecuencia desde que se implantó hacia el año 2010. Se trata de un anglicismo que viene de la palabra game (juego en inglés), pero no se refiere exactamente a enseñar de forma lúdica o entretenida, sino que se centra en un elemento de los juegos muy concreto: los premios o recompensas.

Mientras que para algunos es una herramienta que puede ayudar de manera potente a la motivación del alumnado para superar ciertas materias, en otros casos no está muy comprobada su eficacia en el aula.

A pesar de que es necesaria una mayor investigación en torno a este concepto y su potencial utilidad, todos hemos podido comprobar en nuestras vidas cómo funcionamos mejor cuando tenemos una recompensa que alcanzar. Algo que es extensible al ámbito académico, laboral o deportivo.

La importancia de la superación de retos

Tenemos claro que la creación de un ambiente lúdico siempre hace mejor cualquier experiencia que sea ciertamente tediosa, más aun desde el punto de vista de un niño.

Pero ¿qué sucede cuando esa motivación y el obtener recompensas va más allá del ámbito educativo y se acerca a un público más adulto?

Muchos defensores de las recompensas físicas, como trofeos o demás objetos, mantienen que estas aumentan la motivación y el deseo de seguir participando, además de mejorar el aprendizaje.

La faceta negativa

Pero hay una faceta de las recompensas que puede resultar más perjudicial que beneficiosa. Un uso incorrecto de los premios puede llevar a conductas negativas. Esto puede ocurrir si la motivación proviene de fuera, es decir, es otra persona la que aplica refuerzos tanto positivos como negativos.

Por ejemplo, si un deportista no obtiene su recompensa tras haber entrenado, ello puede ocasionar desmotivación o mayor motivación para tratar de conseguirla finalmente. Según cómo se fomente una situación u otra, la persona podrá tener mayor o menor éxito deportivo.

Motivación externa o interna

En el ámbito empresarial, la motivación y desempeño laboral de los trabajadores están muy ligados a la remuneración económica. Los empleados con sueldos más bajos suelen sentir mayor insatisfacción laboral; mientras que a los empleados que destacan se les suele premiar con un aumento de salario.

Sin embargo, desde hace algunos años se está instaurando lo que se conoce como teoría de la motivación intrínseca. Esta teoría, propuesta por Tomas Kenneth, propone que el trabajador busque la recompensa en la mera ejecución del trabajo. La competencia, el sentido, progreso y autonomía fomentan la productividad y motivación de los trabajadores.

Ciertamente, a medida que avanzamos en la vida, las recompensas materiales pierden interés y valor, en pos de beneficios inmateriales. Esto es, van hacia una satisfacción emocional.

Llegados a este punto, podemos hablar de dos grandes bloques de recompensas: las materiales y las inmateriales.

Recompensas extrínsecas vs intrínsecas

En El entrenador de éxito, el entrenador estadounidense Rainer Martens nos indica la diferencia entre dos tipos de recompensas: las intrínsecas y las extrínsecas.

Las primeras son todas aquellas que producen una satisfacción interna: divertirse, sentirse competente y triunfar. Las segundas requieren de los demás para su obtención, como reconocimiento y trofeos.

Según vamos creciendo, las recompensas se van desplazando desde un lado de la balanza hacia el otro. En las etapas infantil y juvenil, las recompensas más buscadas y apreciadas son las extrínsecas. Los jóvenes necesitan de objetos físicos para motivarse e interesarse por diversas acciones.

Pero a medida que avanzamos en las etapas vitales, las recompensas pueden ir variando hacia el extremo intrínseco. La obtención de ciertos reconocimientos, trofeos y premios deja de ser atractiva para quien realiza las diversas acciones.

Shutterstock / tomertu

Un proceso de maduración

Los adultos que, por ejemplo, deciden iniciarse en una determinada actividad física, no buscan recompensas extrínsecas, sino un sentimiento de superación, satisfacción personal y el ser capaces de realizar una actividad que no creían poder llevar a cabo. Son motores más potentes que la recompensa física detrás del éxito.

Hacia el final de nuestra vida, las recompensas materiales van perdiendo interés imponiéndose una motivación intrínseca. El sentimiento de poder hacer, ser capaz o ser independiente, son factores de alta motivación para los adultos mayores, especialmente por encima de los 60 años.

No cabe duda que el sentimiento de superación y triunfo es un gran motivador y tiende a retroalimentarse. Las recompensas nos atraen y nos motivan, independientemente del estadio vital en el que nos encontremos. Son un motor de la sociedad.

Pero poco a poco vamos evolucionando para pasar de premios materiales entregados por terceras personas, hacia una satisfacción personal con beneficio emocional.

A pesar de que los niños no tienen la capacidad suficiente para valorar el sentimiento de superación y competencia, es necesario trabajar igualmente las recompensas intrínsecas mediante la gamificación en el aula.

De esta manera, podrán ir obteniendo sensaciones como satisfacción por el trabajo bien realizado, consiguiendo iniciarse así en el crecimiento personal.

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