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Ilustración 3D de los parásitos que causan la leishmaniasis. Kateryna Kon / Shutterstock

Leishmaniasis en Europa: un desafío emergente para el que no estamos preparados

En las últimas décadas, el aumento de los casos de enfermedades tropicales transmitidas por vectores, como el dengue, la malaria y el chikungunya, han elevado la preocupación por que este tipo de patologías se extiendan por Europa. Los factores climáticos afectan directamente a la expansión y distribución de los insectos que transmiten patógenos, ya que su ciclo de vida y supervivencia están ligados a la temperatura y a la humedad.

Un flebótomo. OMS / Wikimedia Commons

Una enfermedad con varias caras

Entre las enfermedades tropicales cuya incidencia ha aumentado debido al calentamiento global se encuentra la leishmaniasis, incluida en la lista de enfermedades tropicales desatendidas de la Organización Mundial de la Salud. En realidad, es un conjunto de dolencias causadas por el parásito Leishmania, transmitido por la picadura de insectos llamados flebótomos. Son más pequeños y peludos que los mosquitos, con alas que mantienen en forma de “V” cuando están en reposo.

La leishmaniasis presenta diversas manifestaciones clínicas. Mientras que la forma cutánea causa llagas en la piel que pueden convertirse en úlceras dolorosas, la variante mucocutánea afecta a las membranas de la nariz, la boca y la garganta, causando heridas que pueden desfigurar al paciente. Pero la modalidad más grave es la visceral, que afecta a órganos internos como el hígado y el bazo, provocando fiebre, pérdida de peso y anemia y, si no se trata a tiempo, la muerte.

A diferencia de otras infecciones tropicales, está presente en los países del sur de Europa como leishmaniasis zoonótica, es decir, transmitida de los animales a los humanos. Causada por la especie Leishmania infantum, su principal reservorio doméstico es el perro.

Se distribuye en focos, zonas en las que se dan las condiciones ambientales y epidemiológicas para la transmisión del parásito, con presencia de flebótomos y una alta prevalencia en perros. Los principales afectados son niños pequeños y adultos inmunodeprimidos.

Expansión inquietante por Europa

En los últimos años, se ha observado un aumento de la incidencia en zonas endémicas de Europa como Portugal, el norte de Italia, Grecia o los Balcanes. Sin embargo, una encuesta reciente realizada del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) reveló que la leishmaniasis no es de declaración obligatoria en todos los países con casos autóctonos y que pocos vigilan y controlan las infecciones tanto en animales como en humanos.

Esta falta de preparación y una actitud más reactiva que preventiva por parte de los gobiernos europeos han contribuido significativamente a la propagación de la enfermedad.

El incremento de casos se ha asociado directamente al calentamiento global: se calcula que una subida media de un grado en la temperatura del aire produce un aumento significativo de la incidencia. Las condiciones más calurosas favorecen la supervivencia y actividad de los flebótomos, la densidad de sus poblaciones, la tasa de picaduras y la maduración del parásito en su interior. Los veranos prolongados amplían el periodo de transmisión y el riesgo de infectar a los hospedadores, humanos o caninos.

El calentamiento global también facilita el desplazamiento de las poblaciones de vectores hacia el norte, lo que permite la transmisión local a partir de casos importados en zonas antes no endémicas. Actualmente, los flebótomos ya se extienden por toda la península ibérica, el norte de Italia y los Balcanes, llegando hasta Alemania. Es previsible que su expansión continúe en los próximos años.

La movilidad agrava el problema

Junto con el cambio climático, otro factor agravante es la creciente movilidad de personas y mascotas, incluidos los viajes y la migración forzada. Aunque se ha planteado que la llegada de refugiados a Europa podría representar un riesgo para la introducción de nuevas especies de Leishmania (como L. tropica y L. donovani), estas especies ya están presentes de forma esporádica en Grecia y Chipre.

El mayor riesgo es el desplazamiento de millones de turistas del norte a la costa mediterránea. Este movimiento afecta no solo a las personas, sino también a las mascotas: un gran número de perros infectados viven en zonas no endémicas y pueden convertirse en la fuente de parásito para establecer un foco local de transmisión.

Otro factor asociado con el aumento de la leishmaniasis en Europa es el incremento del número de personas inmunodeprimidas. Al igual que en los años 90, cuando la coinfección VIH-Leishmania dio lugar al resurgimiento de la leishmaniasis en el sur de Europa, buena parte de los nuevos casos se declaran en personas que han recibido un trasplante de órgano sólido o están bajo tratamiento inmunosupresor. Estas circunstancias aumentan su susceptibilidad a desarrollar la enfermedad en caso de infección.

Así, el brote de leishmaniasis detectado en Gotemburgo (Suecia) entre personas bajo tratamiento inmunosupresor que estuvieron de vacaciones en la costa mediterránea destaca los altos niveles de transmisión. Estos podrían pasar inadvertidos si no fuera por la mayor susceptibilidad de estos pacientes.

Una amenaza adicional es la aparición de resistencias en el parásito a los pocos fármacos disponibles. En Europa, es habitual tratar a los perros con leishmaniasis canina, pero el tratamiento no siempre es efectivo y los animales recaen. Esto lleva a que el parásito acumule resistencias con el tiempo y afecte también a los tratamientos en personas.

Además, es posible que los parásitos propaguen la resistencia dentro de los flebótomos. Este proceso puede ocurrir sin intervención farmacológica directa, ya que los parásitos sensibles pueden transformarse en resistentes al entrar en contacto con otros parásitos resistentes provenientes de animales o humanos tratados durante su ciclo dentro del vector.

Es necesario cambiar de actitud

Hace falta entender la leishmaniasis como una preocupación creciente de salud pública en Europa. Es fundamental establecer intervenciones para reducirla y controlarla, como la vigilancia de los casos humanos y caninos, la distribución de los flebótomos, la susceptibilidad a fármacos del parásito y la emergencia de leishmaniasis en regiones previamente no endémicas.

En definitiva, los gobiernos tienen la oportunidad de adoptar una postura preventiva en lugar de reactiva. Eso les permitirá anticiparse y estar mejor preparados para enfrentar los desafíos que presenta esta enfermedad.

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