Lo que los responsables de Recursos Humanos españoles podrían aprender de Europa

Una de las ideas más recurrentemente expresadas por los directivos empresariales es la de que el principal activo de sus compañías son las personas.

Un interrogante que surge de inmediato ante este tipo de declaración es si se trata realmente de un principio dominante en nuestro tejido empresarial con repercusiones en la manera en que se gestionan las personas.

Creer de verdad en el valor de los trabajadores implica un enfoque particular en los diferentes ámbitos de la dirección de recursos humanos.

Otorgar poder de decisión al trabajador

Más concretamente, supone adoptar políticas y prácticas de alto rendimiento que otorguen al trabajador poder de decisión en su actividad diaria a través de:

  1. El rediseño de puestos de trabajo.

  2. La implantación de mecanismos de participación.

  3. La alineación de intereses mediante prácticas de remuneración que conectan el salario con los resultados y fortalezcan el vínculo con la empresa proporcionando seguridad en el empleo, carrera profesional y formación.

La utilización conjunta de estos tres grupos de prácticas da lugar a efectos sinérgicos, ya que permite simultáneamente la mejora de las habilidades de los trabajadores, un mayor grado de motivación y un incremento de las oportunidades en las que poder poner en práctica esas mejoras en capacidad y esfuerzo.

La investigación realizada a partir de la información proporcionada por la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo y la Encuesta Europea de Empresas aporta luz sobre esta cuestión y permite un conocimiento mejor de la realidad de la dirección de recursos humanos en España desde una perspectiva internacional.

La situación es mejorable

Los resultados apuntan a que la situación española, en comparación con el resto de la Unión Europea, es manifiestamente mejorable, aunque no es atribuible a diferencias en las estructuras demográfica y ocupacional de la población o en la estructura sectorial de la actividad económica.

En una clasificación por el grado de adopción de prácticas de recursos humanos de alto rendimiento, España se sitúa en el puesto 21 de 28 países. Su posición es cercana a la de países como Italia, Croacia y Bulgaria, estando claramente más cerca del grupo de países menos avanzados en este ámbito (Polonia, Chipre, Portugal y Grecia) que de los países de cabeza, que son Finlandia, Dinamarca y Suecia.

España sale especialmente malparada en seguridad en el empleo, perspectivas de carrera profesional y formación en el trabajo.

En lo que respecta a la evolución entre 2005 y 2015, se aprecia que la difusión de las prácticas de alto rendimiento ha aumentado durante este periodo tanto en España como en Europa. ¿Cómo se traduce esto en términos de confluencia?

Una distancia con Europa que crece

Existe convergencia en la medida en que los dos ámbitos geográficos avanzan en la misma dirección positiva, pero no se ha producido un acercamiento que permita prever que España pueda llegar a situarse en un futuro inmediato dentro de los parámetros medios de la Unión Europea. De hecho, en lo que concierne a la formación y el desarrollo, la distancia con la media europea ha crecido.

No obstante, hay que destacar una mejora relativa en lo que afecta a prácticas de organización del trabajo como la autonomía en el puesto, la rotación de tareas y el trabajo en equipo.

Aunque la rigidez del mercado de trabajo español se propone en muchas ocasiones como una posible explicación a algunos de los males de nuestro país en materia de trabajo y empleo, en este caso no parece estar siendo una barrera a la adopción de mejores prácticas de recursos humanos.

Lo mismo sucede con los aspectos relativos a las relaciones industriales, como la cobertura de la negociación colectiva. Sin embargo, la menor competencia en nuestros mercados es un factor explicativo relevante, puesto que no está animando a las empresas a impulsar estas políticas favorecedoras del capital humano.

La visión de los directivos hacia los trabajadores

Los aspectos que emergen como más determinantes para entender la situación española son la visión poco favorable de los directivos hacia la implicación de los trabajadores en el funcionamiento de la empresa y un pobre clima de cooperación entre empleador y empleados.

En resumen, las empresas españolas presentan un retraso importante en su gestión de recursos humanos, lo que lastra su competitividad. Sus causas se localizan principalmente en el nivel más alto del sistema de dirección de personas, ya que la filosofía de gestión preponderante no parece confiar suficientemente en la importancia del papel activo de las personas, lo que se traduce en una menor implementación de políticas y prácticas que favorezcan su capacitación y motivación.

Por tanto, las empresas españolas tienen un amplio margen de mejora en este aspecto. Desde los poderes públicos también podría promoverse una mayor difusión de prácticas adecuadas de recursos humanos mediante políticas orientadas a dotar de una mejor formación de los directivos, fomentar la competencia entre empresas y facilitar la cooperación entre empresa y trabajadores.


Una versión de este artículo fue publicada en el blog de la UPNA, Traductor de Ciencia