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¿¡Ponemos una piscina en la terraza!?

En plena desescalada del confinamiento por COVID-19, las perspectivas de vacaciones estivales son inciertas. El calor empieza a apretar en todo el territorio. Muchos hogares lo han visto claro: ¡pongamos una piscina en la terraza!

Las terrazas han sido el espacio estrella de este confinamiento. Ahora surge una nueva forma de explotarlas, colocando piscinas hinchables o desmontables. Sus ventas se han disparado en el último mes. Pero ¿es seguro tomar esta decisión? ¿entraña algún riesgo?

El peso del agua

Arquitectos, arquitectos técnicos y administradores de fincas alertan en un comunicado de los riesgos de instalar piscinas en terrazas y azoteas sin criterio técnico. Lo hacen ante las continuas noticias sobre el incremento de ventas de estos productos y el consecuente aluvión de consultas efectuadas estos días.

El agua tiene un peso nada despreciable. Nuestras terrazas y azoteas no están calculadas para soportar el peso total que supone un gran volumen de líquido. El peso que pueden resistir depende de varios factores:

  • La edad de la vivienda. El año de construcción determina la normativa utilizada para el cálculo estructural. Dependiendo de la norma, las cargas (acciones) aplicadas pueden variar ligeramente. Pero no nos engañemos, esa variación puede suponer tan solo 5 o 10 cm más en la altura del agua de la piscina.

  • El diseño estructural. Según el diseño del edificio, se definen los elementos estructurales, su combinación y el cálculo de cargas consideradas. Además, se aplican determinados coeficientes de seguridad. Paradójicamente, el escenario más desfavorable no responde siempre a la lógica de una mayor carga. Influye también cómo se reparte. Colocar una piscina puede desestabilizar la estructura, comprometiéndola. Incluso puede provocar su colapso y derrumbe.

  • La localización geográfica. Los valores de las cargas no son los mismos para un edificio residencial en un sitio con cierta altitud donde nieva a menudo que frente al mar, por ejemplo. El tipo de suelo y el ambiente también influyen, determinando el cálculo y diseño estructural.

  • El tipo de espacio abierto al exterior. Tampoco se calculan igual las azoteas transitables públicamente que las de uso privado, o las terrazas o balcones volados. Las cargas y su distribución varían, pues no se comportan estructuralmente igual.

Existen además movimientos de distinto origen que afectan a la estructura. Otras cargas, oscilaciones, vibraciones o dilataciones y contracciones por cambios de temperatura también influyen, al igual que las reformas realizadas en el edificio o parte de él y el estado de la estructura.

Los cálculos de cargas

La mayoría de las viviendas habitadas en España se calcularon bajo alguna de las siguientes normas:

Entre ellas no existen cambios sustanciales respecto a sobrecargas de uso, pero hay variaciones. Estas cargas permitirían una altura máxima del agua en la piscina de entre 10 y 20 cm como máximo. Esto equivale a una piscina infantil pequeña. Sin contar con el peso de los bañistas. Si no son niños, suponen una carga extra nada despreciable.

Existen soluciones de refuerzo estructural para terrazas o azoteas que se pueden acometer, pero pueden entrañar ciertas molestias.

Pida un estudio de viabilidad

Cálculos de diseño aparte, tenemos que tener en cuenta otros factores propios de la edad y la vida del edificio. El tipo de ambiente, la salud de las estructuras, así como el uso y el mantenimiento del edificio influyen decisivamente.

Antes de tomar una decisión, es aconsejable consultar con el gestor de su propiedad para saber si la instalación afecta o no a la comunidad y cómo. Si no hay problema, debe asesorarse por expertos.

Ellos estudiarán la viabilidad de la piscina, emitirán su correspondiente informe técnico y podrán aconsejarle sobre la mejor opción para su vivienda y el lugar idóneo para ubicarla.

Si quiere una piscina fija o de obra, además de valorar su viabilidad y posibles consecuencias para la comunidad, necesitará una licencia, que tramitará su ayuntamiento según lo anterior y considerando otras normas urbanas aplicables.

Vigile el estado de la terraza

Existen otros peligros derivados del uso de estas piscinas en terrazas y azoteas. En primer lugar, ¿están al día de mantenimiento y limpieza? Los sumideros y canalizaciones son a menudo puntos flacos. Deben estar limpios y en pleno funcionamiento para, en un momento dado, absorber el agua que pueda rebosar.

El mantenimiento general de estos espacios puede comprometer también la recogida accidental de gran cantidad de agua. En concreto, el estado del piso, los encuentros con paramentos adyacentes y con pretiles, los rodapiés y otros puntos delicados deben encontrarse en buen estado.

Pueden existir filtraciones o fisuras no perceptibles. Si se produjera una inundación por rotura de la piscina o un vaciado incontrolado, los daños pueden tener graves consecuencias, también para terceros. Y pueden no aparecer de forma inmediata o visible.

Considere contratar un seguro

Conviene hacer una consideración sobre las responsabilidades. Dependiendo del tipo de terraza o azotea, determinadas decisiones sobre su uso y disfrute pueden corresponder a la comunidad de propietarios, pues afectan a elementos o espacios comunes.

Si decidiera poner una piscina en su casa, debería contratar un seguro de hogar, aunque no sea siempre obligatorio. Se aconseja especialmente cubrir la responsabilidad civil a terceros. En general, es una buena práctica frente a posibles daños o perjuicios ocasionados a otros por nuestros actos. Obviamente, esta medida no evita el peligro. Ni cubre otras consecuencias, pues es responsabilidad exclusivamente del dueño de la instalación.

Por tanto, poner una piscina no tiene por qué suponer un perjuicio, si antes de instalarla se han considerado aquellos factores que puedan entrañar peligro alguno para el edificio, los bañistas, u otras personas. Tomando estas precauciones, se garantizarán la seguridad y la salud de todos.

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