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En primer plano, una mujer agachada sostiene a otra tumbada. Detrás de ellas, una multitud de personas.
Foto tomada el 18 de marzo de 2024 en Pétionville, Haití, tras el asesinato de una docena de personas a manos de miembros de una banda. CLARENS SIFFROY/AFP

La violencia obstétrica en Haití, una realidad silenciada

Haití vive una ola de violencia sin precedentes marcada por una escalada de ataques por parte de bandas que querían derrocar al primer ministro, Ariel Henry, que finalmente dimitió el 11 de marzo de 2024. Hasta el 25 de abril no se nombró oficialmente al Consejo Presidencial de Transición para sustituirle. Edgar Leblanc Fils fue designado para dirigirlo.

En este contexto de confusión y caos, no debemos olvidar todas las formas actuales de violencia que sufren las mujeres haitianas. Una que a menudo se pasa por alto, se silencia o incluso se ignora es la violencia obstétrica.

Una realidad invisible

Cuando se aborda la violencia contra las mujeres, la violencia obstétrica suele pasarse por alto. Tanto es así que el término apenas se utiliza en los círculos médicos y feministas, en favor de los términos más generales abuso o violencia de género.

Esta invisibilidad se ve agravada por el hecho de que la violencia obstétrica puede adoptar diversas formas. Las investigaciones realizadas en otros contextos, por ejemplo en Dakar (Senegal), muestran que algunas formas de violencia obstétrica plantean un verdadero problema de reconocimiento por parte de las víctimas. Al no saber cómo describir su experiencia, prefieren no quejarse o simplemente no hablar de ella, sobre todo porque no siempre son conscientes de los beneficios a corto plazo.

Violencias contra las mujeres

Con esta idea se crearon en Haití las estructuras básicas de cuidados obstétricos y neonatales de urgencia (SONUB) para que las usuarias tuvieran acceso a una atención respetuosa dentro de las instituciones y pudieran beneficiarse, entre otras cosas, del tratamiento de los casos de violencia de género.

Numerosos testimonios de víctimas e informes oficiales han llamado la atención sobre todas las actitudes y comportamientos, “combinados o separados” (incluyendo la mala acogida, los insultos, las bofetadas y los comentarios humillantes), que forman el entramado de la violencia obstétrica.

Utilizar el concepto de violencia obstétrico-ginecológica, en lugar del de malos tratos o violencia de género, tiene importantes implicaciones intelectuales y sociopolíticas.

En primer lugar, como ya han señalado numerosos autores, permite incluir este tipo de violencia en el continuo de la violencia sistémica de la que las mujeres son víctimas a diario.

Este enfoque también llama la atención sobre su especificidad y la necesidad de combatirla en un país donde la violencia es endémica y proteica.

Por último, es necesario ir más allá de la utilización del concepto como una simple “categoría de práctica” cuya finalidad sería, desde el punto de vista de sus detractores, denunciar y cuestionar los servicios de salud. En lugar de eso conviene centrarse en su dimensión analítica con vistas a comprender mejor el sistema de atención sanitaria y la relación con el cuerpo femenino en el ámbito de la obstetricia y la ginecología.

Un tipo específico de violencia

Además, se trata de mostrar la violencia obstétrico-ginecológica como un tipo específico de violencia que, aunque varía en función de la posición de la mujer (o de la pareja) en la estructura social, no es soluble en la espiral de violencia que afecta a la sociedad haitiana.

Este enfoque sólo es posible si se tiene en cuenta la cultura médica local, así como el contexto socioeconómico y cultural en el que tienen lugar estos comentarios, actitudes y comportamientos hacia las mujeres.

En este sentido, es probable que el análisis saque a la luz y permita comprender mejor los casos de violencia obstétrica espontánea (excluidas las urgencias relacionadas con el parto), que no siempre se reconocen como tales. Y cuando lo son, a menudo se describen como atribuibles a limitaciones organizativas o a limitaciones inherentes a las condiciones en las que se ejerce la profesión.

Por eso es importante superar la lógica maniquea de contraponer las palabras y experiencias subjetivas de las mujeres a la realidad médica “objetiva”. Lo ideal sería considerar que esta forma específica de violencia es el efecto combinado de ambos habitus (entendidos como disposiciones adquiridas tanto durante la formación como en el ejercicio de la profesión), pero también de las instituciones, las normas y los valores entre los expertos en obstetricia, en particular entre el colectivo profesional de obstetras-ginecólogos.

Sólo así se podrá garantizar que la violencia obstétrica no sea tratada como una forma subsidiaria de violencia que pueda subsumirse en la violencia contra las mujeres en general.

Regulación insuficiente

De todas las formas de violencia contra las mujeres haitianas, la violencia obstétrica es la excepción más que la regla, sobre todo porque actualmente no existe ninguna ley sobre el tema, a diferencia de otros países.

Esta ausencia de legislación se ve agravada por el problema de la inexistencia de una asociación médica, hasta el punto de que la especialidad de obstetricia y ginecología, al igual que la mayoría de las demás especialidades médicas, se ejerce en un entorno mayoritariamente informal y, como tal, no constituye un mercado laboral cerrado estrictamente hablando.

Podemos suponer que la ausencia de una ley sobre la violencia obstétrica y ginecológica y la inexistencia de una asociación médica sólo sirven para aumentar la informalidad de la profesión de obstetra y ginecólogo.

Esto produce situaciones marcadas por la discordancia normativa, en este caso “puntos de vista basados en concepciones diferentes” de la legitimidad de determinados actos y gestos. Aquí se adaptan a los actos practicados en medicina ginecológica y obstétrica.

Las prácticas tradicionales del parto también están en entredicho

Pero la cuestión es aún más amplia, porque la violencia obstétrica dista mucho de ser patrimonio exclusivo de los profesionales de la medicina oficial.

Contrariamente a ciertos análisis basados en una visión teñida de populismo ideológico, podemos suponer que las prácticas tradicionales del parto, por muy extendidas que estén, especialmente en las zonas rurales, también generan su cuota de abusos y violencia.


Este artículo ha sido redactado en colaboración con Mislor DEXAI (doctorado, laboratorio LAngages DIscours REPrésentations – LADIREP –, Universidad Estatal de Haití) y Marc-Félix CIVIL (doctorado, laboratorio LADIREP, Universidad Estatal de Haití).


This article was originally published in French

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